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CONSTRUCCIÓN CON BAMBÚ II

Aunque en Toca Madera ·Sounds Wood nos centramos en la divulgación de la madera, nos parece interesante realizar una serie de publicaciones sobre este otro material constructivo lignocelulósico. Ayudaros a comprender y establecer, como lo hacemos con la madera, conocimientos básicos para que cada uno de vosotros podáis formas vuestras propias opiniones sobre este, también, material natural.
Continuamos con la introducción a la construcción con bambú. Si te perdiste la PARTE I, échale un vistazo antes de leer este artículo.

CORTE.

Para realizar construcciones de alta calidad con este material es importante tener en cuenta su aprovechamiento como recurso natural, apreciaciones como su madurez y el método de corte.
La edad óptima para cortar esta planta es cuando alcanza su madurez, no sólo porque posee menor humedad y en consecuencia el tejido adquiere mayor dureza, sino porque, además, en ese momento culmina su proceso de lignificación, siendo este aspecto el mayor responsable de la resistencia y dureza que obtiene la caña durante su crecimiento. Este proceso no suele finalizar hasta el quinto o sexto año, dependiendo de la especie. En el caso del bambú Guadua Angustifolia Kunth la corta se realiza entre los 4 y 6 años de la caña, como ocurre en casi todas las especies de bambú gigante que se emplean como material de construcción.
Si cortamos las cañas con demasiada antelación, estas no alcanzarán su resistencia máxima, pero si las cortamos demasiado tarde, serán excesivamente rígidas y, en consecuencia, observaremos una merma en el resto de sus prestaciones debido al envejecimiento del rollizo. De la misma forma, la edad de corte puede ser esencial dependiendo del sistema o elemento constructivo que deseemos llevar a cabo. Por ejemplo, si nuestra intención es la de ejecutar una cúpula, bóveda, o cualquier otro elemento con un notable grado de curvatura, nos interesará cortar cañas más jóvenes y flexibles, con mayor contenido de celulosa y hemicelulosa y menor contenido proporcional de lignina respecto a una caña de más edad.
No obstante, aunque la concentración de humedad en el tallo, en el momento de la corta, no influye de forma relevante en la resistencia, sí contribuye directamente al ataque de los hongos o insectos xilófagos, como ocurre en la madera.
En una mata de bambú se producen rebrotes de nuevas cañas de manera constante, cada año se desarrollan nuevos tallos que nacen desde el mismo rizoma subterráneo en el que se originó la planta. Por consiguiente, es necesario hacer una diferenciación de las cañas con el fin de saber, de clasificar, la edad de cada culmo y conocer con la mayor exactitud posible su madurez, y el momento idóneo del corte.
De todas formas, las características físicas de las cañas nos orientan sobre su estado de madurez:
              –El color: Con el paso del tiempo los culmos adquieren un color más apagado, con menos brillo. Pasan de un verde intenso a un verde oscuro opaco, amarillos o grises dependiendo de la especie.
              –La hoja: Desaparecen las hojas que recubren el tallo, conocidas como hojas caulinares. En los bambúes jóvenes estas hojas sirven para proteger los nuevos brotes.
              –Musgo y líquenes: La presencia de estos indica cierta longevidad.
Una vez disponemos de un bambú en edad óptima de madurez, procedemos al corte. El cual se realiza por encima del primer o segundo nudo sobre el suelo, con un machete o una sierra. Es importante que el corte se realice manteniendo la composición del nudo en su conjunto, evitando el almacenamiento del agua de lluvia, especialmente en el diafragma sobre el que realicemos el corte, disminuyendo el ataque de los agentes abióticos, posibles causante de la pudrición del rizoma y, por tanto, de la futura muerte de la planta. Por eso es importante realizar un corte en diagonal, permitiendo la evacuación del agua por gravedad.
Corte de la caña. Fuente: Lucila Aguilar y Bolívar Epigmenio García.
Posteriormente se quitan las ramas cuidadosamente, evitando desgarrar la epidermis y/o dañar la pieza. Con el objetivo de hacer más duraderos los culmos y protegerlo de los agentes bióticos, estos se someten a tratamientos de curado, para descomponer el almidón, o a tratamientos químicos contra estos agentes xilófagos.

PRESERVACIÓN.

La planta de bambú en su estado natural no es un material durable, ya que posee un gran contenido de humedad, almidón y azúcar, un manjar para los agentes xilófagos.
Pero esta característica intrínseca no es un problema. Desde hace algunas décadas, para mejorar su durabilidad, inmunizar y preservar las cañas, se realizan trabajos de preservación. La vida útil del bambú sin ningún tipo de protección es de aproximadamente 2-3 años. Sin embargo, si estas cañas recién cortadas se dejan “avinagrando” en el bambusal, se las realiza un correcto secado y además, durante el manejo no se daña su superficie protectora de sílice, su conservación puede alcanzar cientos de años. En resumen, si se protege adecuadamente, lo que se conoce como “protección por diseño”, posee una durabilidad similar a la madera.
El principal objetivo de la preservación es eliminar los nutrientes que atraen a los agentes bióticos, ya sea por métodos naturales (agua y sol) o con productos químicos.
El proceso más efectivo para cuidar las cañas consiste en la inmersión de estas recién cortadas en una solución de pentaborato o sales bórax. Esta mezcla, muy económica, funciona como uno de los insecticidas y fungicidas más respetuosos con el medio ambiente.
Para lograr inmunizar satisfactoriamente el material es fundamental que las cañas no estén muy secas, favoreciendo la penetración del líquido por osmosis. Asimismo es elemental realizar perforaciones longitudinales a través de cada nudo, impulsando la impregnación de esta solución química por todas las cavidades interiores de la caña, incrementando la superficie de contacto y alcanzando un mayor grado de infiltración del material.
Perforación longitudinal entrenudos. Fuente: Lucila Aguilar y Bolívar Epigmenio García.
La solución de pentaborato permanece activa durante 1 o 2 meses.  De esta manera se consigue una solución de ph neutro, con 50% de ácido bórico (25 kg) y 50 % de óxido de bórax (25 kg), disueltos en 50 kg/m3 de agua tibia.
Solución de pentaborato 5%. Fuente: Lucila Aguilar y Bolívar Epigmenio García.
Es imprescindible que los culmos estén totalmente sumergidos durante 24 h en agua tibia o 4 días en agua a temperatura ambiente. Se suelen disponer piedras o sobrepeso para que no floten, garantizando que ninguna de sus partes pueda quedar insuficientemente impregnada por la solución protectora. Posteriormente se sacan y se retira el excedente de líquido para proceder a su limpieza.
Inmersión de los culmos. Fuente: Lucila Aguilar y Bolívar Epigmenio García.
Las cañas pueden poseer musgos o líquenes. Con el fin de no debilitar su, anteriormente mencionada, capa protectora de sílice con cepillos o elementos de fricción durante la limpieza, se utiliza agua a presión.

BLANQUEAMIENTO.

Cuando pensamos en construcciones, utensilios de bambú, … se nos viene a la cabeza una imagen de un material claro, homogéneo, de color amarillento, esto es así porque sus cañas se someten a un proceso de blanqueamiento, exponiéndolas al sol de manera controlada.
Utensilios de bambú. Fuente: Allwood
Es un proceso que dura máximo un mes, y para ello se construye un “burro”, un trípode con un travesaño seco. A ambos lados se colocan los bambúes y se van rotando a lo largo del día, especialmente en las horas de mayor incidencia solar, evitando posibles sobrecalentamientos en las piezas que ocasionen imperfecciones. En este procedimiento es trascendental resaltar la importancia de elevar las cañas sobre la superficie del terreno al menos unos 30 cm, limitando la entrada de agua por capilaridad del extremo inferior de la misma. Si se pusiera a llover, sería necesario cubrir todo el trípode con una capa impermeable o similar, evitando la incidencia directa del agua sobre el bambú, la cual podría degradar rápidamente el material mediante su hinchazón y su merma, así como favorecer el aumento de contenido de humedad de la caña y en consecuencia el ataque de los agentes xilófagos.
Blanqueamiento del bambú sobre el “burro” . Fuente: Lucila Aguilar y Bolívar Epigmenio García.

SECADO.

Al igual que la madera, el bambú es un material higroscópico y poroso, absorbe tanto el agua en estado líquido como gaseoso. Si el bambú se hincha, a consecuencia de un gran contenido de humedad, sus propiedades mecánicas se ven afectadas negativamente. Por ello, el control en el secado de estas piezas es fundamental, muy parecido a lo que ya conocemos del sector maderero. Esta actividad se lleva a cabo en superficies cubiertas, ventiladas y con ambientes secos. Los culmos se apilan por capas separadas, favoreciendo también la corriente de aire entre ellos. El contenido de humedad óptimo de estas piezas se encuentra entre el 15-17%.
En este sentido cabe destacar el crecimiento longitudinal, tipo telescópico, que posee la planta. Al no disponer de fibras en su sentido radial, perpendiculares al eje de desarrollo, su estabilidad dimensional tras la posible absorción del agua tiende a ser mayor que la madera. Esta característica en su microestructura supone una penalización en cuanto al aplastamiento de la fibra, pero una ventaja si nos referimos a la hinchazón y merma del material.
Este proceso, dependiendo del clima del lugar en el que realicemos el secado, suele tardar entre 2 y 3 meses. De madera artificial, y para acelerar, reducir a la mitad estos tiempos, se utiliza un soplador eléctrico, llamado “pulpo”, el cual con cada uno de sus ramales inyecta aire caliente al interior de cada uno de los culmos. El control de la humedad se monitoriza periódicamente a través de un higrómetro. El tiempo estimado con esta técnica es de 10 días.
Secado acelerado “el pulpo". Fuente: Lucila Aguilar y Bolívar Epigmenio García.
Las cañas o rollizos que, una vez secos de manera natural, superen el contenido de humedad adecuado, se separarán del resto para someterlos al procedimiento de secado artificial.
Si fuera necesario, teniendo presente el encarecimiento de la técnica, se podrían disponer, desde un inicio, todas las cañas en un secadero artificial.
En todos los casos en los que las cañas de bambú se sometan a un proceso de secado, debemos asegurarnos de que este se produzca de manera gradual, para que no se generen tensiones internas dentro de la pieza y puedan aparecen fendas en el rollizo que comprometan la durabilidad del material. Es decir, que el secado debe ser relativamente lento para que el rollizo no se raje al producirse una merma excesivamente rápida de la sección por pérdida de humedad.
En el próximo artículo veremos cómo almacenar las cañas una vez estén secas, así como su clasificación en función de sus características y usos y su control de calidad.
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AGRADECIMIENTOS
Jaime Baladrón Laborda. Arquitecto especializado en Construcción y Sostenibilidad.
Muchas gracias.

Toca Madera · Irene Jimeno

FUENTES BIBLIOGRÁFICAS 
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Hidalgo, O. (2003). The plant. En Bamboo the gift of the gods. Colombia: Oscar Hidalgo.
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Stamm, J.,Tesfaye, M. & Girma,H. . (2014). Construction manual with bamboo. Addis Ababa Ethiopia: Denamo Addissie.
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